Camino de Santiago en bici, Etapa 10: León – Rabanal del Camino

Camino de Santiago en bici, Etapa 10: León – Rabanal del Camino

Esta etapa del Camino de Santiago desde León me la iba a tomar de relax. Ayer hice un esfuerzo extra para recorrer una centena de kilómetros a través de los secarrales de la meseta y poder tomarme la etapa de hoy con más calma. Necesitaba comprar un sillín para la bici, montarlo, comprar comida y aprovisionar las alforjas; y ya de paso visitar un poco León, que me habían hablado muy bien de esta ciudad. Ah, y sin olvidarme de avanzar lo máximo que pueda para no perder el buen ritmo que llevo.

Anoche entre una cosa y otra me acosté tardísimo (tardísimo para lo que es el Camino de Santiago, porque en mi día a día es una hora normal…) pero no había problema porque el albergue no tenía por qué dejarlo hasta las diez de la mañana.

Me puse la alarma a las 9:15 como último recurso, esperando que mis compañeros de habitación me despertaran con el ruido de sus mochilas unas cuantas horas antes, pero no fue así. Cuando sonó mi despertador resultó que Ayumi y Don todavía estaban durmiendo. Pese a la hora que era, esta vez era yo el primero que se levantaba y despertaba a los demás haciendo ruido. Increíble, no sólo no soy el último, sino que soy el primero. ¡El día empezaba bien…! jajaja.

Me visto de romano, preparo las alforjas y salgo a la terracita del albergue a recoger la ropa que dejé tendida ayer por la tarde. Increíblemente está seca, y eso que cuando la tendí ya no daba el sol en esa especie de patio de luces. Será el clima seco de León…

Al volver de recoger la ropa Ayumi ya no estaba en la habitación. Y sus cosas tampoco. ¿Pero cómo? Se ha esfumado en 5 minutos, estos japoneses son impresionantemente eficientes.

Meto la ropa seca en las alforjas y salgo hacia el cuartito de la bici para prepararla. Veo a Don en la cocina, frente a la máquina del café; parece que tiene problemas. No se entiende muy bien todavía con las monedas de euro, ni tampoco con todo lo que hay escrito en castellano. Le ayudo y lo dejo con su café. Antes de salir, la chica responsable del albergue me pregunta con cierta sorna que hasta donde tengo previsto llegar hoy, que le parece que es un poco tarde. Le comento el rollo del sillín para que no piense que soy un dormilón (que también) y de paso le pregunto qué tienda de bicis me recomienda, porque he visto varias en Google Maps y sinceramente no me aclaro mucho. Me recomienda una que queda justo en el Camino, sin tener que desviarte apenas: Bicicletas Blanco. Le agradezco el consejo y me dispongo a empezar mi décima etapa, cuando continúa:

– En cambio los coreanos que estaban aquí ayer parece que estén participando en una carrera, a las 6 de la mañana ya no quedaba nadie.

Le comento lo que pasó anoche con Isabel, y me dice que ahora le cuadra más la historia: se fueron todos menos una mujer, que se quedó en la recepción hasta que ella viniera para pedirle un taxi que la llevara al hospital. Espero que Isabel acabara bien su Camino.

Son las diez de la mañana. Fuera el aire es fresco pero el sol ya calienta bien las calles. Veo a Don sentado en las mesitas de fuera del albergue, tomándose su café con calma. Me cuenta que se va a quedar una noche más en el albergue porque quiere “aclimatarse” y visitar León con calma. Le deseo un buen camino y salgo en dirección al centro de León. A una calle del albergue veo a Ayumi desayunando en la terraza de un bar. Desde la bici le deseo un buen camino a ella también.

Bajo la Avenida de Madrid en dirección al puente viejo para retomar las flechas amarillas un día más. Justo en la entrada del puente me encuentro con tres voluntarios de Protección Civil de León. Parecía que me asaltaban, preguntando si podían ayudarme. Este exceso de amabilidad me abruma… jaja. Les pregunto por Bicicletas Blanco y me dicen que es la mejor opción para cambiar el sillín, que me queda justo al lado. Me dan las indicaciones (que complemento con Google Maps, hay que ser sincero), y sigo mi camino. Ruedo tranquilamente, disfrutando del aire fresco, hasta llegar a Bicicletas Blanco.

La tienda la lleva un hombre mayorcete, bastante majo. Parece que le va bien porque acaba de abrir y ya tiene a dos personas más a parte de mí, y el teléfono no para de sonar. Le cuento que necesito un sillín, que ayer lo partí en ruta. Después de decirme que el sillín que llevaba no valía para este tipo de cosas, que si los raíles huecos, que si tal y cual, me expone varios que tiene.

Le expongo las características que busco: barato, raíles macizos (el peso ya me da igual, lo que quiero es no volver a partirlo), medianamente cómodo, con ranura antiprostática… Ah, y tiene que ser estrecho, que el que llevo es de 135mm y es el que mejor me ha ido de momento. Es lo que tiene tener el culo grande pero los isquios estrechos, todo es puro músculo tetes.

Lo mejor de todo es que el hombre tenía uno que reunía todas las condiciones: un “Velo” de 130mm, con ranura antiprostática, raíles macizos de Cr-Mo… y muy duro. De hecho estaba durísimo el cabronazo, pero no me daría cuenta hasta llevar unos kilómetros con él. Al tacto parecía tener una consistencia similar al Selle Italia que llevaba. En fin, que me cobra el sillín, me lo monta en un minuto, le agradezco la rapidez y sigo mi camino. El sillín habrá que amoldarlo a mi culo a base de kilómetros. O mi culo al sillín. O pedalear de pie.

¡Sillín nuevo!

No muy lejos de la tienda veo un Mercadona y decido comprar provisiones, que tenía las alforjas vacías de comida. Creo que la última vez que paré a comprar provisiones fue en Santo Domingo de la Calzada, hace como 250 kilómetros.

Al salir, con la compra ya hecha y las alforjas cargadas, decido irme al centro a sellar y dar una vuelta para ver León. En el centro veo un Pans en cuya terraza parece haber ambiente peregrino. Me fijo y creo que es por la oferta del desayuno. Donut y café por 1’50€. Oye, pues ¿por qué no?

Les pido a un grupillo que hay ahí si pueden echarle un ojo a la bici mientras entro a por mi desayuno. Acceden sin problema, y en 5 minutos ya vuelvo a estar fuera con mi café y mi donut. Me siento con ellos a charlar un rato. Es un grupo variopinto, muy majetes todos ellos. Una chica de Estonia, una mujer de Gales, un chico Mexicano y un hombre Australiano. De hecho les sorprende que yo no sea extranjero… jajaja. Me tomo el desayuno de charleta con ellos y se me pasa el tiempo volando. Cuando vuelvo a mirar el reloj decido que es hora de retomar mi Camino, que ya son las once y cuarto pasadas, ¡tardísimo!

En León
La bici…
…y el menda

Me doy una vuelta en bici por el centro, sello la credencial en la plaza de la Catedral, y salgo de León siguiendo las flechas amarillas. La salida de la ciudad es bastante fea, como las salidas de todas las ciudades grandes que cruza el Camino. Sales por una carretera bastante transitada (además un lunes a esa hora es normal) hasta Trobajo del Camino, donde subes a mano derecha por una cuesta que no ves hasta que tienes encima. Molinillo y arriba.

Un par de kilómetros después llega la Virgen del Camino, otro pueblo de estos pequeños pegado a la Nacional. Ahí veo el cartel de una farmacia, y decido desviarme para ir a comprar algo para el dolor de la rodilla, que parece despertar. Los kilómetros de ayer con el sillín hecho polvo no me fueron muy bien y noto una pequeña molestia en la parte interna. No parece gran cosa, pero prefiero que no vaya a más.

Antes de llegar a la farmacia veo a un perrete paseando sólo, arrastrando su correa. Me paro y lo atrapo. Un marrón más, ahora a ver de quién es el perro y qué hago con él… Voy andando hacia la farmacia paseando al perro con una mano, y agarrando la bici con la otra. Al llegar a la farmacia busco el teléfono de la policía local para llamar y dejarles el perro, pero antes de que pueda hacer nada sale una señora de la farmacia.

– ¿Qué haces?
– Eh… Me he encontrado el perro a dos calles arrastrando la correa…
– Ah… ven aquí Firulais.

(El perro no se llamaba Firulais, pero es que no me acuerdo del nombre…)

La señora me miraba como si fuese a meter el perro en las alforjas y comérmelo a medio camino cuando me entrara el hambre. Joder señora, ¿encima que intento ser buena persona ahora tengo que aguantar que me juzgue? Ni gracias ni hostias. Se lleva al perro y hastaluegomaricarmen.

En fin, con lo del perro solucionado, entro a la farmacia a por algo para la rodilla. Me recomiendan una crema, me cascan unos nueve euros por ella, me pongo un poco autoconvenciéndome de que ese dinero está bien gastado, y sigo mi camino.

A la salida de Virgen del Camino se recorre la vía de servicio de la N-120, para, en un momento dado, hacer un quiebro a la derecha como si volvieras hacia atrás, y pasar por debajo de ésta y cruzar la A-66 ya de paso. Yo me paso el quiebro de largo y sigo recto. Estaría pensando en mis cosas. Cuando hace rato que no veo a nadie y me doy cuenta de que la vía de servicio se va hacia la derecha, de que hay unos cuantos peregrinos al fondo a la izquierda pasando por debajo de la autopista, me doy cuenta de que voy mal. Deshago camino y ahora sí, ya voy por donde toca.

Tras pasar bajo la A-66 veo un montón de piedras en el suelo, puestas en forma de flecha. Yo, que voy haciendo fotos a todo lo que me encuentro, decido parar a la sombrita y hacer una foto. Por aquello de, yo qué sé, en algún momento veré la foto y me acordaré de que pasé bajo la A-66. Mientras estoy en ello oigo una bici que se acerca y derrapa al lado (sí, no frena, derrapa).

Las piedras

– ¿Necesitas algo?
– No, gracias, estaba haciendo una foto.
– Ah, pero si de estas flechas hay un montón.
(Vale gracias, pero yo le quería hacer una foto a esta en concreto… jajaja)
– Ah bueno… Pues nada, ¡Buen Camino!
– No, tranquilo, te espero.

El tipo resultó ser Alberto, un Cántabro que actualmente vive en Wroclaw (Polonia). Está haciendo el Camino desde St.Jean. Esta es su última semana de vacaciones, por lo que se toma el Camino un poco como los coreanos, a la carrera, para devorar el máximo número de kilómetros al día y que le sobren unos pocos para poder estar en Cantabria con la familia. Se sorprende de que yo vaya “tan ligero” (dos alforjas y la bolsa del manillar, puedes verlo en la entrada dedicada al equipaje), pero es que a mí me sorprende que él vaya tan cargado… Dos alforjas enormes cargadas a tope, más equipaje sobre el portabultos, y una mochila a la espalda que tenía pinta de pesar la hostia.

Pero buat

En fin, que pedaleamos juntos mientras vamos charlando. Me cuenta que él también ha salido hoy de León, donde vive su hermano. Que ayer estuvieron tomando unas cañas por el centro y se le fue de las manos y se ha levantado tardísimo.

Este es Alberto

Alberto lleva un ritmo con el que no acabo de estar cómodo. Esas ganas de ir lo más rápido posible obligan a arrancar y frenar más veces de las que me gustaría como para llevar un ritmo de crucero cómodo y disfrutar del camino.

Aunque sinceramente poco había que disfrutar. Desde el cruce bajo la A-66 hasta Hospital de Órbigo lo único que hay es la N-120, una pista de tierra paralela por donde mandan a los peregrinos, rectas interminables, y mucho tráfico (ligero y pesado) que intenta ahorrarse la autopista de peaje en esta carretera entre León y Astorga. Un tramo feo de carretera como el de la etapa anterior, pero sin estar desierto.

A mí man engañao

Paramos en Hospital de Órbigo, ya en el kilómetro 38 de hoy. El Camino cruza el puente del Paso Honroso, famoso por el torneo medieval que tuvo lugar aquí. El resumen para vagos es el siguiente: un caballero leonés organizó un torneo en el que tenía que participar todo aquél que cruzara este puente; estuvieron de celebraciones, festines, y dándose de hostias durante un mes. Un insensato incluso la palmó. Si quieres leer más acerca de ello (y algo con más rigurosidad que mi explicación desde la barra del bar), te dejo con el enlace a la Wikipedia aquí.

A lo que iba, el puente es una de las pocas cosas que merecían una foto hasta el momento. Me paré a tomar unas fotos y Alberto se paró conmigo. Yo me tomo mi tiempo en las paradas, disfruto del solecito (son cerca de las dos de la tarde) y echo fotos por aquí y por allá: ahora a la bici, ahora a mí, ahora a mí con la bici, ahora al puente… Alberto echa una foto rápida con el móvil y me mete prisa para que continuemos.

– Ve tirando si quieres, tranqui, no te preocupes
– No, venga, que te espero, vamos

Joer, si es evidente que no llevamos el mismo rollo ni el mismo ritmo ¿por qué te empeñas en arrastrarme? Misterios de la vida.

El postureo es importante

A la salida de Hospital de Órbigo hay unas marcas en el suelo que indican que puedes seguir paralelo a la N-120 (¡no por favor!) o desviarte por una pista de tierra hasta San Justo de la Vega, donde ambos caminos vuelven a unirse. Pese a que Alberto tenía prisa yo prefería ir por la pista, ya tenía suficientes kilómetros aburridos a mis espaldas. Al final se convence de que es buena idea y vamos por la pista. Unos cinco o seis kilómetros después llegaremos a “la casa de los dioses”, que es esta especie de chiringuito famosete donde vive un pseudo-hippie que ofrece charla y algo de fruta “gratis”. Entiéndase gratis como que tiene unas cuantas huchas repartidas estratégicamente para que la gente deje ahí lo que quiera a cambio de pillar algo para comer.

Paramos porque había leído sobre el sitio este, además si no recuerdo mal le hicieron un reportaje en la tele y tal, pero olía a turistada desde lejos. Al vernos llegar el tipo nos invita a sentarnos y comer una pieza de fruta, que “es gratis” (pero te enseña la hucha), y charlar con él. Al final me entra antojo de sandía y me como un par de trozos a cambio de unas monedas que llevaba. Nos pregunta que de donde venimos, donde hemos empezado el Camino y demás. Le digas St.Jean, le digas Martorell, o le digas donde Yisus perdió la chancla, te va a decir que es un sitio muy bonito, que tiene una energía especial, que tal y que cual… Y siguió contándonos historias, que si tuvo una mala vida y un día al borde de la muerte cambió el chip y lo dejó todo para hacer feliz a los demás, que ha viajado por el mundo sin necesidad de dinero, que se fue al Himalaya con lo puesto para vivir en armonía con la naturaleza, que se bañaba en lagos a 4000 metros de altura para purificar su espíritu, etc etc. No voy a decir gran cosa sobre eso, que cada uno se forme su opinión. Si eres hábil (que seguro que lo eres) ya sabes lo que pienso.

Viendo que la historia cada vez se volvía más extraña y que empezaba a enlazar unas cosas con otras y no paraba de hablar (tiene cuerda para rato el jodío), decidimos seguir nuestro camino. Alberto se quejaba durante kilómetros de la pérdida de tiempo que supuso parar “donde el colgao ese” jajaja.

Al poco llegamos a un mirador donde hay una cruz y se ve Astorga al fondo. Hasta Astorga nos quedaba una bajada rápida por asfalto, cruzar las vías de tren por un paso elevado, y tras una subida satánica donde faltaban piñones para poner más molinillo, llegar a Plaza España donde decidimos parar para comer. Ambos llevamos comida en las alforjas así que tiramos de los víveres que cargamos con nosotros para comer unos bocadillos.

Astorga al fondo
Y Astorga al lado
Plaza España de Astorga

Entre unas cosas y otras nos tiramos una hora sentados en esa plaza de Astorga, hasta que nos dan las cuatro de la tarde. Va siendo hora de hacer un pensamiento y seguir con el camino… Cuando nos disponemos a irnos, a lo lejos un peregrino con sombrero y gafas de sol me saluda.

“¿Es a mí o a alguien que hay detrás?”

Miro para atrás y no veo a nadie saludándolo de vuelta. El hombre se acerca y me saluda efusivamente. Supongo que al ver mi cara de WTF es cuando decide quitarse el sombrero y las gafas de sol.

“¡Hostias, el australiano!”

Efectivamente, era el australiano con el que estuve desayunando esa mañana en León. No me cuadraba encontrármelo aquí, hay algo raro… Y es que resulta que el tío ha leído que el tramo desde León a Astorga es aburrido de la hostia, y se ha venido hasta aquí en tren para ahorrarse un par de días de pateo sin sentido. Un tipo hábil.

Mis dieses al australiano

Antes de salir de Astorga paramos en el Palacio Episcopal de Gaudí a sellar la credencial. A continuación salimos por la carretera LE-142 hasta Murias de Rechivaldo, donde el Camino sigue por una pista de 3km que evita seguir por el asfalto, además atajando un poco. De ahí ya empezaba el asfalto, que no dejaríamos hasta el final de la etapa. Era una carretera sin tráfico a recorrer durante 13 kilómetros, pasando por Santa Catalina de Somoza, El Ganso, y acabando en Rabanal del Camino.

¡Ya tengo unos cuantos!

Ya eran las cinco de la tarde y todavía a estas alturas yo no tenía decidido un final de etapa fijo. Desde Astorga cualquier punto estaba bien, no lo había pensado mucho. Lo que quería era acercarme el máximo a la Cruz de Ferro para afrontar la subida mañana a primera hora, más fresco y con más energía.

Alberto pedaleando hacia Rabanal del Camino

La carretera hasta Rabanal va picando hacia arriba, y desde Astorga ya van unos doscientos metros subidos. Tenía anotado que había un albergue con muy buenas valoraciones en Rabanal del Camino (Albergue El Pilar), y decido que me quedaré ahí. Alberto sigue con prisa y dice que quiere subir la Cruz de Ferro hoy, que luego ya es todo bajada hasta Ponferrada y que pasará ahí la noche. Me parece mucho pero adelante, no voy a ser yo quien se lo impida.

Y así tol’ rato los últimos kilómetros

En Rabanal me quedo en el albergue y él sigue con lo suyo. Ya son las cinco y media pasadas y el cielo se está nublando, no creo que sea la mejor idea subir ahora la Cruz, pero cada uno que haga lo que quiera… Hasta Ponferrada le deben quedar unas tres horitas. 7 kilómetros de subida, 7 más de cresteo, y 20 de bajada. Siendo casi las seis de la tarde es tentar mucho a la suerte.

Bueno, volviendo a Rabanal, en el pueblo me encuentro a Carlo. Volvimos a coincidir y eso que hacía etapas que no lo veía. Al final las etapas con bici parece que varían poco y te acabas encontrando con todo el mundo, ¡a ver si me encuentro de nuevo con Jesús y sus compis!

Albergue El Pilar

El albergue El Pilar es grande, con un patio interior y dos plantas con habitaciones. Además de eso al fondo tiene la zona de literas, donde dormiré yo. En las habitaciones de arriba creo que se alojaban un par de bicigrinos más que vienen de Asturias. Parece que son unos maquinotes porque hablan de etapas de más de 100km cada día, se les ve fuertes.

El patio del albergue y las habitaciones arriba
Y la zona de literas

Yo, después de acomodar mis cosas y ducharme, aprovecho el rato que queda de luz para lavar la ropa (a ver si seca con estas nubes) y tomarme unas cervecitas mientras escribo las notas en la libreta. Ceno algunas de las cosas que me quedan en las alforjas y veo que llega mucha gente desde el pueblo. Parece ser que había misa del peregrino en la iglesia y estaba todo el mundo ahí. Yo entre que no me enteré y que no soy muy de estas cosas pues me quedé comiendo y bebiendo cerveza.

¡Bebida de dioses!

La vida en el pueblo y el albergue acababa pronto, así que me acuesto en cuanto anochece. Por la noche pues lo de siempre: festival de ronquidos, ruiditos, y además un poco de lluvia.

Mañana tocará superar una de las “tachuelas” del Camino, que por lo que he leído es durilla: Cruz de Ferro. A todo esto… ¿Habrá llegado Alberto a Ponferrada?

Datos de la etapa:

Distancia: 75,53km
Desnivel: +763m
Tiempo en movimiento: 5h04min
Tiempo total: 7h34min

Dinero gastado: 53,80€ (28€ del sillín en León, 9,80€ de la compra en Mercadona, 1,50€ del desayuno en León, 9€ de la crema en la farmacia, 0,50€ de la sandía “gratis”, y 5€ del albergue)

Lugares donde dormir en esta etapa:

Trobajo del Camino: Albergue Casa Simón – c/Guzmán el Bueno, 52 – 987807552 – 637440703 – 17€
La Virgen del Camino: Albergue de peregrinos D.Antonio y Da.Cinia – Av.Padre Eustaquio, 16 – 987302213 – 615217335 – 2€
Valverde de la Virgen: Albergue la casa del camino – c/El Jano, 2 – 669874750 – 987303455 – 8€
San Martín del Camino: Albergue Vieira – Av.Peregrinos – 987378565 – 620671864 – 7€ / Albergue la Casa Verde – Travesía Estación, 8 – 646879437 – 10€ / Albergue Junta Vecinal San Martin del Camino – Ctra.Leon-Astorga – 676020388 – 5€
Hospital de Órbigo: Albergue Verde – Av.Fueros de Leon, 76 – 689927926 – 9€ / Albergue San Miguel – c/Alvarez Vega, 35 – 987388285 – 618183420 – 7€ / Albergue la Encina – Av.Suero Quiñones – 987361087 – 10€ / Albergue parroquial Karl Leisner – c/Alvarez Vega, 32 – 987388444 – 5€ / La casa de la inspiración – c/Paso Honroso, 10 – 987389028 – 622636856 – 5€
Villares de Órbigo: Albergue Villares de Órbigo – c/Arnal, 21 – 987132935 – 8€
Santibáñez de Valdeiglesias: Albergue de peregrinos parroquial – c/Caromonte Bajo, 3 – 987377698 – 626362159 – 5€
Astorga: Albergue Siervas de Maria – Pza.San Francisco, 3 – 987616034 – 618271773 – 5€ / Albergue San Javier – c/Portería, 6 – 987618532 – 10€
Valdeviejas: Albergue mpal. Valdeviejas Ecce Homo –  c/Ecce Homo – 626733658 – 618445910 – 15€
Murias de Rechivaldo: Albergue mpal. – c/Santiago – 638433716 – 5€ / Albergue Las Águedas – c/Camino Santiago, 52 – 636067840 – 987691234 – 13€
Santa Catalina de Somoza: Albergue el Caminante – c/Real, 2 – 987691098 – 5€ / Albergue San Blas – c/Real, 11 – 987691411 – 637464833 – 5€
El Ganso: Albergue Gabino – c/Real, 9 – 625318585 – 10€
Rabanal del Camino: Albergue el Pilar – Pza.Jeronimo Moran Alonso – 987631621 – 5€ / Albergue Gaucelmo – 987691901 – c/Calvario, 4 – La voluntad / Albergue la Senda – c/Real – 696819060 – 7€ / Albergue mpal. – Pza.Jeronimo Moran Alonso – 626385952 – 4€

Continúa tu lectura sobre el Camino de Santiago en bici con la etapa anterior, la etapa siguiente, o la ficha del viaje.

3 comentarios en “Camino de Santiago en bici, Etapa 10: León – Rabanal del Camino”

  1. Muy buenas todas las reseñas, yo también voy de Bicigrino, pero no se me da escribir unas reseñas diarias tan detalladas y amenas, jeje. Coincido contigo en muchas de tus reflexiones sobre el camino. Vamos a ver si continuas las crónicas que quiero ver como te termino de ir. Buen Camino!

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